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Entender al niño de 6 a 8 años, para educarle mejor

Partimos de la consideración de que no hay dos niños iguales y que las diferencias entre ellos son múltiples y evidentes, aunque tengan la misma edad y otras muchas circunstancias semejantes. No obstante, existen unas características evolutivas comunes propias de cada etapa y que son consecuencia del proceso madurativo de los niños. Estos cambios se manifiestan en las distintas áreas de su desarrollo.

Desarrollo de su personalidad:

A partir de los 6 años el niño comienza a dejar de ser el centro de todo y empieza a verse a través de lo que sus padres, sus profesores y sus compañeros ven en él. Comienza a tener fuerza la visión que los otros tengan de él y así irá formando su autoestima. Es el momento de educarle para que adquiera una visión positiva de sí mismo, que le enseñemos a expresar adecuadamente lo que quiere y necesita.

En esta edad el niño es más consciente de su entorno y está más capacitado para comprender las reglas y normas que regulan sus actividades. Con la guía de los padres aprenderá las conductas que son correctas y las que no, a entender que los errores pueden tener consecuencias y a sentir satisfacción cuando progresa y cumple con lo que se espera de él. Deberemos encauzar su actuación utilizando el refuerzo de las conductas positivas, dejando que las consecuencias naturales caigan sobre sus errores y aplicando el castigo si fuera necesario.  

Es cada vez más autónomo, en el vestirse, en el comer, en la realización de tareas escolares. Hay que fomentar esta autonomía favoreciendo actitudes que le lleven a decidir por sí mismo. La sobreprotección no le ayudará a crecer.

Todo este progreso personal le llevará a enfrentarse a sentimientos difíciles como el miedo, la envidia, el rechazo, los celos o la agresividad. Debemos educarle para que  desarrolle su inteligencia emocional.

Como padres ya no debemos realizar todo por él,  le marcaremos tareas, “sus deberes”, y le educaremos en la responsabilidad. Es el momento de comenzar a inculcarle valores, el respeto es un pilar de la educación, también lo es la tolerancia, la generosidad. Deberá  iniciarse en el arte de ser empático con los otros y ser asertivo.

Desarrollo de la proyección social:

El Juego

En estas edades el juego empieza a ser más competitivo, con un gran componente de socialización y de aprendizaje de roles, es por esto que van a dar gran importancia al deporte y éste pasa a ser muy importante para ser aceptado entre los compañeros, sobre todo en los niños.  El respeto a las reglas del juego es una exigencia entre ellos.

Los amigos

Empiezan a jerarquizar a los compañeros: “el que saca mejores notas”, “el que juega mejor al futbol”, “el que manda”, cada uno empieza a desempeñar un papel dentro de la clase. Aparece la empatía, colocarse en el punto de vista del amigo y a captar sus deseos, con lo cual se abre el mundo de la amistad y de la cooperación, al mismo tiempo que se va a desarrollar su sentimiento de pertenencia al grupo. Comienza el aprendizaje de las habilidades y la competencia social, desarrollaremos habilidades de conversación, le enseñaremos a dominar el lenguaje para expresar lo que piensa y lo que siente, pero también le ayudaremos a resolver los conflictos de su mundo social escolar y familiar

La familia

    • Se observa claramente en estas edades el lugar que ocupa entre los hermanos.
    • Los primogénitos: los padres han estado más pendientes de sus necesidades, reciben explicaciones más adultas, normalmente han pasado más tiempo con ellos y cuando nace otro hermano desparece su exclusividad y le dan un mayor número de responsabilidades.
    • Los intermedios: suelen quedar más disueltos entre los hermanos, el segundo puede tener problemas de competitividad con el primero, y anhelar más demostraciones físicas de afecto.
    • Los pequeños: dependen mucho del trato que les den los demás hermanos, suelen ser más dependientes y algo más inseguros o inmaduros cuando la diferencia de edad es mayor. Cuando la diferencia de edad no es grande aprenden de los otros y llegan a conseguir habilidades antes que los mayores, sobre todo motrices…
    • Los únicos: tienen a sus padres en exclusividad. Suelen ser niños que se entretienen más solos, que se comunican mejor con los adultos. Suelen ser más egoístas y caprichosos.

Desarrollo de la diferenciación sexual:

Se inicia el período en el que aprenden a diferenciar lo masculino y lo femenino, e imitan a los adultos del mismo sexo. Aparecen diferencias cognitivas y de comportamiento entre niños y niñas. Por ejemplo, las niñas tienen mayor habilidad verbal y los niños, mayor habilidad espacio-visual, por eso tienden a jugar por separado, es frecuente que los niños jueguen al futbol y las niñas a juegos en los que simbolizan situaciones y a hablar entre ellas.

Es importante educar poniendo el acento en que los dos sexos pueden complementarse mejor, más que subrayar las diferencias entre ellos.

Desarrollo de las capacidades intelectuales:

En esta etapa desarrollan la base madurativa para la adquisición de la lecto-escritura porque consolidan la integración de los conceptos espaciales, la coordinación visomotora, la psicomotricidad gruesa y fina, definen la lateralidad, el esquema corporal…

Desarrollan el pensamiento intuitivo y el de las operaciones concretas, su pensamiento es más flexible y organizado, y permite que piensen sobre sus acciones y combinen, separen, pidan y transformen mentalmente los objetos y las acciones. Esto incide en el aprendizaje de las matemáticas y en el desarrollo del lenguaje.   Les enseñaremos a disfrutar del aprendizaje, a aplicar su curiosidad natural por todo lo que les rodea, fomentaremos la observación, el descubrir por sí mismo como funcionan las cosas, les ayudaremos a reflexionar, a razonar, a buscar información, a leer, a expresar: así fortaleceremos la motivación por aprender. Pero también debemos iniciar la cultura del esfuerzo y la superación personal

 

Carmen Castello Tardajos

Pedagoga y Oreintadora